jueves, 3 de septiembre de 2009

Jeny


Soy dominicana. Mi familia es de las que ustedes dirían pobres, pero como yo no lo sabía, vivía cómodamente, en mi pueblo. Somos 16 hermanos, porque mi padre tuvo dos familias. Con mi madre tuvo nueve hijos y con otra señora el resto. Yo soy la mayor.

Al principio, mi papá vivía más en mi casa que en la otra hasta que poco a poco se fue alejando. Él nunca amanecía fuera, eso no. Cuando yo tenía dieciséis años ya mi madre no quiso nada con él. Mientras se iba y venía a veces se peleaban, él intentaba golpear a mi madre y ella trataba de que no le diera, a veces cogía una silla y le amenazaba, pero como si nada, él le iba encima. Hasta que un día ella hizo un anexo a la casa, una habitación, se compró una cama y se fue a su habitación y le dejó a él solo en la suya. Y nosotros en medio. Y allí continúa porque él nunca se ha ido de la casa. Mi mamá sí, hace veinte años que se fue a la capital y ahí ya fue la separación completa. Sin papeles, no los necesitaba porque como no se había casado… allí no se apura uno por casarse, por juntarse sí, nosotros le decimos casado a estar juntos, no a los papeles, ya sabe usted.

Mi padre hacía casas. Mi madre no trabajaba, nos criamos con lo poco que mi padre nos daba. A los dieciocho me fui a la capital, me quedé ayudando a una señora y cuando se terminaron las vacaciones volví a mi casa, a mis estudios. Cuando terminé el bachiller tuve a mi primera hija y ya me quedé en la capital.
La niña la tuve con mi primer novio, me lo eché a los dieciocho años. El primer año fue muy bien pero cuando iba pasando el tiempo nos peleábamos, bueno, me peleaba él. Discutía conmigo y me daba golpes, yo lo dejaba, nos separábamos, pero al rato ya estaba él detrás de mí controlándolo todo. Yo le creía y empezaba de nuevo el maltrato. Ya en el noviazgo una vez abusó de mí, yo ahora le digo abuso, pero en mi país cuando son novios no se dice abuso aunque tú no quieras, ya me entiende, es así. Cuando le daba por pelear rompía todo lo que había en casa, entonces le amenazaba con que me iba a casa de mi madre y al rato ya estaba otra vez detrás de mí. Era de esos hombres que quería salir él y que yo me quedara en casa, pero yo tenía veinte años así que él salía por un lado y yo salía por otro con sus hermanas.
Cuando volvía se enfadaba y me golpeaba. Una noche llegó borracho con una botella, yo estaba en la cama, la tiró contra la pared y los cristales me cayeron en la cara, me cosieron y todavía tengo aquí los puntitos, mírelos, aún me duran.
Después de eso le dejé y me fui a mi casa pero al poco, otra vez él detrás. Yo volvía porque, como había sido mi único novio, pensaba que lo hacía porque me quería, por celos. Un día él se había ido a un balneario que dicen las Marías y volvió a media tarde, yo estaba en el patio, lo recuerdo como ahora mismo y mire que hace tiempo que pasó, me dice que tengo que prepararle la comida, que no había comido, él va delante y yo le vengo siguiendo, de repente, se vuelve y me dije, tu quieres que te entre a trompadas, no me dio tiempo a contestar, me dio una trompada en seco, aquí, mire, quedé marcada para toda la vida. Ahí no eché una gota de sangre, me fui detrás de él, muy mansamente, agarré un cuchillo y si no me quitan, no sé qué hubiera pasado. Esa vez no me fui a mi casa, me quedé en la de su madre; me dije, tengo que desquitarme, porque yo no había hecho nada para un maltrato así.
Me quedé pero ya no vivía con él, hasta que un día, me acuerdo que fue en diciembre, me agarró obligada, que fue la última vez que lo hizo. Yo me quedé otra vez, me dije, es mi marido, así es la vida. Hasta que un fin de semana, yo estaba en el bar de sus padres, una discoteca que dicen aquí, con mis cuñadas, y allí no sé qué fue lo que pasó, me entró a golpes en la calle, delante de mi hermana. Fue su padre y lo sujetó. Yo vine, agarré una piedra, que no sé de donde apareció, y se la lancé, le di que le partí no sé qué pues al otro día se lo llevaron a la capital. Esa misma noche me fui a mi casa, recogí toda mi ropa y me fui a la capital hasta la hora presente. En la capital me apareció el malestar del embarazo, que yo no sabía que estaba embarazada. Me hice el test y me salió positivo. A los tres meses pensé que no quería seguir así sola, sin recursos y me volví a mi pueblo.

En todo ese tiempo, ahora lo pienso, mi familia no hacía nada, ni mi madre, me sucedían esas cosas y ella nunca me dijo, debes hacer esto, haz lo otro, nada, nunca, ni mi padre. No me decían tú tienes la culpa, no, les parecía que era lo normal, por eso no decían nada. Y yo volvía porque también creía que él me quería y eso era lo normal, que me maltratara.

Como al mes o a los dos meses de volver al pueblo mi tripa iba subiendo, entonces él vino y como no quise nada con él, se metió con una chica. Así que tuve a mi hija yo sola y él se quedó con la otra chica.

Parece que algo se me abrió en la cabeza y me dijo que ya nunca, nunca, nunca intentara volver con él. Mi hija tiene veintiún años y nunca acudí a él. Dejé a la niña con mi madre, me fui a la capital y me puse a trabajar. No pude estudiar porque tuve a la niña cuando entré en la universidad y no duré ni tres meses.

Trabajé en casa de una familia dos años, entonces conocí a mi marido que tengo ahora, he convivido con él todos estos años. Cuando lo conocí me dijo que dejara de trabajar en casa de la familia, que trabajara con él, que tenía un puesto de fruta, así que me quedé y ganaba más que en la casa. Sacaba para la manutención de mi hija, le seguía mandando a mi madre, y nos estabilizamos en la capital.

Con mi marido de ahora me casé esta vez con papeles y hemos tenido tres niños. Con mi marido ha ido bien, bueno, digo que ha ido bien porque nunca me ha puesto una mano, pero hay cosas que yo digo que son maltrato, maltrato psíquico, yo creo que me maltrata mencionándome el pasado...

Llevo con él veinte años y aún, sin venir a razón, de vez en cuando me dice, el día que te vea hablando con esta gente, la familia de aquel novio, entonces vamos a tener problemas, cuando yo es que no tengo ni recuerdo, ni quiero tenerlo. Creo que tiene celos, que está trastornado con esa relación. El caso, mire qué cosas, que él tuvo una relación peor que yo, tuvo una señora que se metía con otro hombre en su misma casa, creo que le traumatizó, por eso que él es así, porque después es buen hombre, buena persona.

En la capital vivimos doce años, al principio en una casa alquilada, luego compramos la que vivimos, que es bastante grande, teníamos sólo las paredes, pensábamos hacer después los compartimentos. Hasta que me llegó el viaje a España estuvimos conviviendo y trabajando juntos. Mi cuñada me llamó y me dijo que me hacían un contrato, entonces dejé todo y me vine sola. No traje a ninguno, ni a mis hijos ni a mi marido. Hace ocho años, yo voy cada año y así estamos. Una vez duré un año enterito y las otras veces he estado tres meses.

Me decidí a venir porque allí ya eran cuatro niños y lo que ganábamos daba solamente para comer. Cuando me llegó esta oportunidad pensé que era bien buena. No hice ningún lío de dinero para venir porque yo era muy economista, guardaba en el banco algunos pesos para arreglar la casa, así que cogí el dinero y dije, carretera.

No puedo quejarme, gracias a Dios me ha ido bien, lo único es la soledad. Mi marido, mis hijos, mis padres, todos allí, y aquí yo sola con mis cuñadas, que a veces se pasan meses y ni las veo.

Con los años, hemos terminado la casa. Cuando llegué a España me puse a jugar san. Jugar san, por si no lo sabe, es acumular el dinero para que te lo den junto. No guardarlo en el banco, guardarlo tú misma, porque para juntar tres mil euros hay que durar casi tres años, entonces nosotras, de a poquito, nos juntamos diez y vamos haciendo la recolecta de trescientos euros mensuales cada una, hasta que llevamos diez meses, pero cada mes le toca a una persona de las diez. A esa persona le entregas tres mil euros. Cuando vine lo hice así, los primeros dos años metía el sueldo enterito al san y cuando cobraba las quinientas mil pesetas, lo mandaba todo a mi casa, una vez cada diez meses. Mi marido se encargaba de terminar la obra, así que en dos años nos habíamos hecho la casa nueva, los compartimentos, las habitaciones.

Cuando llevaba aquí tres o cuadro años, el negocio empezó a dar menos, yo decía, si el negocio daba cuando yo estaba por qué ahora no. Además, cuando iba veía que mis hijos no estaban como los primeros años, que no comían igual que cuando yo estaba.
No sé si era la falta mía o que no los atendían bien. Total, que le dije a mi marido, para estar en la calle el día entero y que los niños estén solos en la casa con mi madre, se quita el negocio y te quedas en casa y yo mando para que se mantengan todos. Le puse un negocio en la casa, una habitación para eso, pero dice que no da, así que estoy yo sola manteniendo la casa y él ahora no está produciendo nada. De dos años para acá estoy manteniendo la casa con lo que yo mando de aquí, bueno, hasta que Dios quiera.

Ahora estoy planificando traer a mis hijos y a mi marido, aunque él no quiere venir, lo está cogiendo suave, porque él no trabaja, ya usted me entiende. Si viene, tendrá que trabajar.

Mis hijos están estudiando, si vienen espero que no dejen los estudios, porque a veces traes a los hijos porque crees que es lo mejor y cuando llegan, ven que se puede ganar dinero trabajando y dejan de estudiar. Yo quiero que ellos tengan todos estudios, una carrera.

Para eso me ha valido a mí emigrar, para acabar mi casa y que mis hijos puedan estudiar, pero es muy duro, la soledad es tremenda, te pesa cada momento del día.
Aquí he conseguido un trabajo de encierro, ocho años con la señora que me hizo el contrato, mi cuñada me dijo que me quede ahí porque fue la que me hizo el contrato, así que para renovar me fui acostumbrando a ella y al trabajo y ahí me quedé. Pero he vivido ahí cosas… yo me enteré ahí ya que mi vida es una vida de aguantar, que soy aguantadora, desde aquel primer novio, pues que me aguanto.

El trabajo es de interna, no tengo día libre, mi día libre tengo que trabajar, día de fiesta y domingo, o sea, todos los días, los 365 días del año yo tengo que trabajar, bueno 364, menos el primero de enero, ese es el único día que me da la señora. Todos los días encerrada. Después que duré un año en mi casa, me llamó para decirme que si volvía a España que volviera a su casa. Yo fui tonta y no puse condiciones, tenía que haberle dicho que no iba a trabajar días de fiesta ni mis días libres. Le dije que sí y con ella estoy, la semana entera ella y yo solas, pero los domingos me mete veinte, quince, trece, doce personas, toda su familia viene a comer con ella los domingos y días de fiesta y eso es mucho trabajo. Para conseguir lo que tengo han sido ocho años de aguante y nunca me ha dado por buscar otro trabajo.

Hice el curso de peluquería porque la amenacé, le dije, voy a venir de cinco y media a ocho y media, el curso era hasta las nueve y media y yo llegaba a esa hora. Ella me decía que era demasiado buena, que no todas las señoras dejan que las chicas salgan por la tarde y tantas horas, yo le decía, ¿Cuántas horas le trabajo yo el domingo y días de fiesta? Entonces se aflojó, ¿usted sabe lo que ella se ha economizado conmigo en ocho años?

Nunca he buscado una habitación para ponerme de externa, porque como no tengo día libre para salir, pues me quedo ahí, cuando salgo voy a dar una vuelta o donde amigas un rato pero no me puedo quedar a dormir. No he tenido tiempo para nada, no puedo salir cuando hay reuniones. Lo que yo digo, que me estará cobrando la comida y la habitación porque me paga 540 euros, con ocho años que llevo aquí. Cuando le pedí aumento me dio dos horas del trabajo de ella, dos horas para que vaya donde su hija, y con eso me pagan 720 euros. La hija, que es doctora, cuando le pido aumento me dice que gano demasiado. Yo no la culpo a ella, la culpa ha sido mía…

Aquí hay parejas que se relacionan muy bien, aunque tengan su tipo de maltrato, como todas. Ahora ya le llamo maltrato, antes no, cuando a mí me trataban así no sabía que era maltrato, cuando me maltrataban, me decía, esto es cosa de las parejas… Respecto a eso, yo lo veo igual aquí. Hay hombre buenos que ayudan mucho a la mujer, pero de cien hay unos cinco. En todas partes hay de todo, creo yo.

Lo que sí he visto diferente en España es que aquí una mujer no acepta que el hombre tenga una segunda familia, si se entera se lo toma mal. En España si una mujer descubre que su marido tiene otra pareja y no te cae bien, te separas, en República Dominicana mantienen dos relaciones, dos familias, mucho tiempo. Mire lo que pasó con mi madre y mi padre, que estuvo con las dos mujeres, allí se usa más eso, que el hombre viva hasta con cuatro o cinco mujeres y hay hombres que tienen cinco familias numerosas, seis o siete hijos con cada mujer. Aquí, eso es que ni pensarlo.

También la educación de los niños es distinta. Con mi madre yo ayudaba en la casa a fregar, a limpiar, como ella no salía, lo hacíamos juntas, mientras mis hermanos varones estaban en la calle jugando con la bicicleta. Cuando fueron mayores empezaron de limpiabotas hasta que consiguieron trabajo. Allí los niños se educan diferente, trabajan desde pequeñitos. Aquí no pueden trabajar antes de los dieciséis años, allí les da igual si empiezan con cinco años, piensan que van cogiendo conocimiento. Los padres se llevan a los niños con ellos a arrancar hierbas, se ponen a limpiar zapatos, mis hermanos crecieron ya con un limpiabotas de madera en la mano, lo que ganaban lo daban para comer.

Yo, cuando era más pequeña iba a casa de una prima que hacía ropa y, con otra amiga, íbamos a venderla por las casas del barrio. Eso es trabajo ¿verdad? Pero entonces no lo considerábamos así, no le dábamos importancia.

Yo ahora veo a los nietos de mi jefa, tiene uno que habla como si fuera dios y no respeta ni a los padres ni a nadie. De los tres que conozco, uno es muy agresivo, de boca por lo menos, hasta ahora no he visto que ponga mano, ya me entiende, pero de boca, es tremendo.

No es que no me sienta bien en España, pero la soledad, no sabe usted lo que es, no es buena. Hasta ahora, lo que gano lo invierto en mi casa, no me siento mal porque tengo que educar a mis hijos y donde quiera que esté voy a tener que trabajar para ellos hasta que puedan salir adelante, porque no quiero para ellos la vida que yo he tenido. Espero que tengan una vida buena, que consigan buenas parejas, no de ser millonarios, de tratarles bien, de respetarse como personas.

Para mis hijas, no me importa que los hombres que consigan sean pobres pero que las traten bien, que nunca me las digan, tú no puedes comprar esto porque no trabajas, tu no puedes comer esto porque no trabajas, como muchos hombres le dicen a sus mujeres. Que no me las golpeen, que las traten como a un ser humano. Si son pobres no importa porque pueden trabajar los dos.

Eso es lo que quiero para mis hijas, también para los varones. Yo hablo con los cuatro, y les digo, miren, a mi no me importa que ustedes hagan amores con quien hagan, sea pobre sea rica, sea negra sea blanca, porque también hay eso, las razas, ya me entiende…Lo que no quiero es que ustedes varones maltraten a las hijas ajenas ni ustedes hembras maltraten tampoco a los hombres ajenos, que lo que tengan, poco o mucho, lo compartan, si es un plátano, pues un plátano para los dos, no importa.
Pero que no te dé un golpe que te saque sangre, eso no lo quiero para ustedes, ni que ustedes se lo hagan a otro. Se lo digo así, mutuamente, porque los hombres son varones pero ellos van a buscar a las hijas ajenas y no quiero que hagan con las hijas ajenas lo que no deseo para las mías.

Quisiera que mis hijos salgan adelante, que Dios les ayude a ser profesionales y a vivir de su trabajo, que su pareja sea para toda la vida. Porque yo he sufrido maltrato, he aguantado bastante, pero he ido haciendo camino. Soy, como si dijera, una superviviente.

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