Soy de la provincia de Bahoruco, en el sur de República Dominicana. Éramos una familia normal, mis papás trabajaban en el campo, fuimos nueve hermanos, uno murió. La vida era muy difícil para un agricultor pero, bueno, sobrevivimos a pesar de todo. Cuando mi mamá se iba a trabajar yo siempre quería ir tras ella pero no nos dejaba, decía que teníamos que ir a la escuela por encima de todo. Me gustaba mucho la escuela, estudié hasta cuarto de bachillerato. Para mí todo era bueno en aquellos años.
A veces íbamos a casa de mi abuela y cuando cortaban la uva nos ponía a cargar, para llevarla a los camiones.
Empecé a trabajar en la capital, primero en una empresa del Estado como encargada, y después di clases en iniciales, antes casi no se necesitaba de un título para trabajar en una escuela, duré dos años allí. Luego me fui para España porque no me gustaba la vida de la capital, ya ve.
Me fui en el año 1991, con veinticuatro años, porque necesitaba trabajar y ganar dinero. Tenía tres hijos y en mi país se trabaja nada más que para comer, el dinero no da para ahorrar. Vi que mis hijos estaban creciendo y yo vivía en casa de mi suegra así que me dije, tengo que irme. Me dejaron el dinero para pagarme el viaje.
Llegué a Madrid y desde allí me fui a Barcelona, a casa de mi cuñada. Al principio, me llamaba mucho la atención que los hombres y mujeres se besaran en las calles, que en mi país no sucede, después te acostumbras.
Tuve cinco trabajos, el primero fue cuidar de una abuelita. Estuve diez años y me volví. Emigrar fue una experiencia dura. Una no deja de pensar nunca en la familia, en mis niños, si iba en el tren, si estaba comiendo, si estaba viendo la televisión, pensaba en mis niños. En ellos y en que llegara el día de volver a mi país y estar con los míos.
Ahora, cuando lo pienso desde aquí, en la casa que pude hacerme gracias a aquellos años de trabajo, creo que también tuvo cosas positivas, como que me desperté a otra vida, aprendí a hablar con los demás, soy menos tímida, la experiencia que uno vive por ahí te enseña.
A nadie le digo que no vaya pero, a los que quieren ir, les digo que el que va es por un objetivo, para lograr algo. Que tienen que ir con la cabeza bien puesta y trabajar, trabajar, que es a lo que vamos, trabajar y ahorrar el dinero, no tirarlo porque si empiezan a votar dinero, después se les va a hacer tarde y no van a lograr lo que quieren.
A la vuelta he encontrado cosas positivas y negativas. Positivas, estar con mi familia, que encontré un trabajo aunque sólo para entretenerme y que he terminado la casa. Negativas, lo difícil que es encontrar trabajo y que el sueldo no te da para nada. Y la falta de luz, de agua, de casi todo lo que hay en España.
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